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Escéptico

Posted on by Isaac Aroche

Hay muchísimos temas sobre los cuales hablar cuando te encuentras dentro de la industria. Varios temas son agradables: ¿cómo se hace una cerveza? ¿qué maltas y lúpulos tiene? ¿cómo fue la fermentación?, etc. Otros de ellos son, desafortunadamente, desagradables: el bloqueo en la industria por parte de las grandes cerveceras, bloqueo por parte de las mismas artesanales, falta de ética y profesionalismo de algunos colegas y de gente relacionada con el medio, por mencionar algunos.

Esta vez me gustaría abordar un tema que está en boga entre los cerveceros: los concursos. Es muy curioso la cantidad de comentarios que se han hecho sobre esto al menos en los últimos dos años. Les puedo decir que estar en un concurso es, al menos para mí, y esperaría que para la mayoría de mis compañeros, un gran honor. Es llevar la cerveza en tu nombre, de tu cervecería, de los que trabajan en ella, del estado de donde proviene e incluso de tu país para ser juzgada por su calidad y saber cómo puede mejorar y qué se tiene que hacer para mantener esa calidad.

Ganar en un concurso de cerveza no debería de ser para presumir la medallita o para vender más, aunque sí ayuda. Desafortunadamente muchos lo ven así. Actualmente se están realizando concursos en muchas partes del país, lo cual considero necesario, pero, a la vez, lo tomo con escepticismo. ¿Por qué con escepticismo? ¿No debería ser la existencia de concursos cerveceros un baluarte para nosotros y para los consumidores? Debería serlo, es verdad, lamentablemente no lo es.

¿Por qué digo lo anterior? Existen múltiples razones: la acreditación de certificaciones inexistentes, exámenes de certificación para ser juez mal impartidos (copiar en un examen ¿wtf?), falta de conocimientos, y en general una mala praxis del jueceo. Y no me gustaría entrar en la neblina de favoritismos, pero mucho cuidado que no estamos exentos.

Siempre lo he dicho, los concursos son muy subjetivos. Al final ganan las cervezas que les gustan a los jueces. Y no hay nada de malo en eso. Es decir, entre dos o tres o cinco cervezas que sean muy buenas o excelentes, que representan el estilo, ¿qué queda?, pues obviamente defender la que a uno le gusta. Ante esto se debería ser imparcial, pero no lo es desafortunadamente. Y menos en México.

Con lo anterior no quiero decir que los concursos estén amañados, tampoco que no haya excelentes jueces certificados o que las cervezas que ganen no lo valgan. Solamente quiero exponer algunas de las inquietudes que hemos tenido los cerveceros en esta experiencia de los concursos.